V de Victoria: cómo la industria artesanal y sus barrios se están revitalizando.

Fuente: Viste la calle

El caso de la industria artesanal del calzado nacional es un interesante ejemplo para entender cómo una serie de procesos sociales, como la revalorización del trabajo creativo manual, la generación de mercados de nicho, y el uso de Internet y las redes sociales, confluyen para poner en valor una práctica de trabajo y regenerar un espacio urbano olvidado.

Desde fines del siglo XIX, la zona sur de comuna de Santiago concentraba la mayor cantidad de actividades relacionadas al trabajo en cuero (Mercado Matadero Franklin, curtiembres, fábricas de calzado y comercializadoras). En el barrio Franklin, donde hoy se aloja el popular galpón de antigüedades conocido como “Persa Victor Manuel”, mi abuelo trabajó como zapatero en una exitosa fábrica de calzado nacional por ahí por la década del 50’ (Aycaguer, Duhalde y Cía). Con la llegada de nuevas maquinarias y la irrupción de la transnacional Bata, la industria artesanal nacional se fue reduciendo, y muriendo casi por completo con la llega de los zapatos plásticos, importados desde China principalmente desde fines de los 70’. Como muchos otros maestros del cuero y calzado, mi abuelo emprendió con su propia reparadora, de esas de barrio, casi inexistentes; mientras algunas otras familias mantenían los talleres artesanales en calle Victoria.

aycaguer y duhalde

Fuente: Memoria Chilena

Lo que está sucediendo con las tiendas de calzado de la calle Victoria es un ejemplo de cómo recientes procesos sociales, como la revalorización del trabajo artesanal, la regeneración urbana y la generación de mercados de nicho, está impulsando nuevamente esta industria. En los últimos cinco años este sector de Santiago se ha visto revitalizado por proyectos municipales y de gobierno dirigidos a atraer más clientes a barrios comerciales; iniciativas culturales para revalorizar su patrimonio, y el nuevo valor del suelo del sector dado el creciente recambio generacional y de clase social (gentrificación) de la zona sur de la comuna de Santiago.

Además de estos cambios en el contexto general del barrio, los propios zapateros han modificado sus prácticas laborales de acuerdo a las necesidades de un creciente mercado de nicho. Las ventas han repuntado, por un cambio en los diseños, algunos copiados desde Argentina o revistas extranjeras, y por la posibilidad que estos talleres entregan para la confección de zapatos a medida. En este caso, los propios clientes pueden diseñar sus zapatos, o traer otros comprados en el extranjero, para copiar y/o modificar.

Fuente: Viste la Calle

En este aspecto, los consumidores de moda, entre ellos los que marcan tendencia a través de las redes sociales (fashion bloggers, trend makers… y un sin número de nombres), los llamados intermediarios culturales, han tenido un rol interesante en evaluar este tipo de trabajo, escribiendo en sus medios digitales para difundirlos y así atraer a otros interesados en estos mercados de nicho hacia la calle Victoria. Estos intermediarios culturales tienen un gran poder a la hora de elegir y dar valor con su gusto y elecciones; lo que se ve potenciado cuando difunden aquellas tendencias en sus redes sociales conformadas por pares en busca de similares experiencias de consumo. Un ejemplo de ello son las publicaciones aparecidas en blogs como Viste la calle, Taconeras, Cosas de Minas o El blog de Lupi.

No es tan sólo las posibilidades que Internet ofrece para encontrar y difundir tendencias lo que es característico del trabajo de estos intermediarios culturales. Sino también, un cambio en las formas de consumo de la clase media creativa (joven, educada, y acomodada). En este grupo, existe una valoración del trabajo artesanal o manual, pues este simboliza valores deseados en la experiencia de producción y consumo como el trabajo y comercio justo, uso de materias primas amigables con el medio ambiente, atención y diseño personalizado, o la posibilidad de que los consumidores puedan co-diseñar sus objetos de consumo. En este caso, trabajos académicos como el del sociólogo Richard Sennett en su libro “El artesano”, explican este fenómeno de revalorización del trabajo artesanal como una respuesta a las formas de manufactura global de un capitalismo deshumanizante. Otro interesante material es el libro de Susan Luckman “Craft and the Creative Economy”, en el cual se analiza el caso del aporte del trabajo artesanal como una industria cultural; en este libro, Luckman analiza como jóvenes profesionales (especialmente mujeres) son capaces de transformar sus actividades creativas amateur en nuevos emprendimientos culturales a través del uso de sitios de venta global como Etsy.

Siguiendo con esta tendencia que está transformando la calle Victoria, nuevos emprendimientos del calzado han surgido por parte de profesionales creativos jóvenes. En su mayoría diseñadores o artistas, de clase media alta, educados, quienes ven en los oficios, el diseño y creación manual una forma de emprender en la industria creativa. Ejemplos de esto son las tiendas de “Zapatos de autor” que aparecen recomendadas en reportajes de revista Paula o similares, ubicadas en lugares ícono de la comercialización de tendencias como el Drugstore de Providencia, y el ahora gentrificado Barrio Italia.

Creadores de marca chilena “Bestias”. Fuente: Paula.

Lo que está pasando con los zapatos es un caso más para entender cómo las industrias o economías culturales generan mercados, transforman prácticas laborales y espacios urbanos. Amparadas en el uso de comunicaciones digitales o redes sociales, los generadores de tendencias o trabajadores creativos, son capaces de validar ciertas industrias y promover nuevos estilos de producción y consumo, impulsando el desarrollo urbano de ciertas áreas de la ciudad. Me pregunto si algo similar podría ocurrir con otros oficios, como la producción de muebles, telas, ropa o en otras industrias creativas como la música o la audiovisual.

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